lunes, 21 de noviembre de 2011

Elecciones/ De días después y cheques en blanco

PP
El día después la crisis no sólo se arregla con confianza (“no hemos prometido milagros”, de hecho no los hemos prometido dos veces en 24 horas), o siendo un Gobierno previsible, ni siquiera siéndolo como Dios manda. La mayoría absoluta del PP reconoce que no multiplica los panes y los peces, pero al no decirlo el día antes, si supo multiplicar los votos. A falta de recetas mágicas, ahora hay que gobernar.

Ahora la pregunta es: ¿qué se espera del PP? Pues recortes. Qué se va a esperar. Ésa es la última mutación de una manera de hacer política, la de Mariano Rajoy, que empezó no diciendo nada, para decir que sólo había que recortar ciertas partidas “superficiales” y, tras el debate, cuando ya nadie escuchaba a nadie, supo decir que lo único que se librará de la tijera son las pensiones. “Yo haría lo que David Cameron”, dijo de los drásticos recortes del premier británico hace ya un año. Hay avisos que no se hacen a diario.

Pero conviene reconocerle a Rajoy el aguante. Perdió mil veces, aguantó sin decir nada. Consiguió que no se hablara de Gürtel, la mayor trama de corrupción de la historia vinculada a un partido. No le movieron la silla ni los suyos ni los otros. Acusó a Zapatero de traicionar a los muertos y reconoció que no ha habido precio político para el fin de ETA con la misma naturalidad. En otros países, Mariano sería un incoherente o un bufón. En España es un superviviente y, es más, un presidente del Gobierno.

PSOE
El PSOE no ha perdido por 76 escaños, ha perdido por 15.000 millones de euros de recorte. Por cinco millones de parados. Por recortar cuando el keynesianismo, su teórico referente económico, sugería invertir y estimular la economía.

¿Y ahora qué? Ahora congreso. Ahora a mirarse unos a otros con desconfianza. Los murmullos en los pasillo. Los codazos. Las alianzas. Las reuniones en los despachos con cacheos al entrar. La política de pasillos oscuros y cuchillos en las gabardinas. Tomar el poder de la oposición para un día tomarlo del Gobierno.

En esta dinámica cae Rubalcaba, cuya magia no ha sido tan poderosa como la crisis. Ni siquiera el fin de ETA, anhelado durante décadas fue pócima para él. Comienza el circo socialista, de centro, de izquierdas, progre, de lo que quieran ser. ¿Y Zapatero? Desaparecido. Como si no fuera con él.

IU
El ganador de la oposición de la noche. El último bastión contra el bipartidismo estrena un nuevo dique de 11 diputados. Un grupo potente y un partido cohesionado. Hacía muchos años de que IU no estaba así.

Gran parte de la culpa la tiene Cayo Lara. No es un candidato al uso, no es un fino estilete con la palabra (por el contrario es un dequeísta a muerte), pero ha sabido ser un coordinador eficaz domando a las fieras internas que se devoraban entre sí en la coalición de izquierdas. Y ha sabido ganarse la confianza de la gente.

IU se las ha arreglado para derrotar en estas elecciones al voto útil. Ha arrastrado 700.000 votos de desencantados del PSOE. Ahora, después del voto útil, viene la lucha contra el voto prestado. ¿Alguien duda de que dentro de cuatro años, cuando las encuestas se aprieten, ese voto querrá desbancar al PP y volverá masivo al PSOE? Es la historia de IU. Quizá Cayo Lara sepa fidelizarlos.

Por lo demás, UPyD llorará la ley electoral más que nadie (5 escaños y sin grupo propio), Amaiur pone contra las cuerdas al PNV (¿Será Otegi algún día lehendakari?) y puede que a la lógica de las cosas, CIU consolida sus tijeras en Cataluña y Equo se esfuma como alternativa verde a corto plazo.

¿Y España? Con un cheque en blanco a un programa en blanco sólo cabe decir que España, amigos, España sigue igual.