lunes, 23 de mayo de 2011

Elecciones 2011: Ésta sí es mi España

El bipartidismo arrasa con el 15M / España le quita la tijera del Estado del bienestar al PSOE y se la pasa al PP/ IU festeja más que avanza / La corrupción, premiada

Se hacía difícil reconocer a España entre manifestaciones, asambleas y debates ciudadanos. Las elecciones han pasado y han puesto las cosas en su sitio: por fin aparece España, el país que conocemos. Toca hacer balance tras la fiesta de la democracia.

Hacer análisis electorales es hablar de la política de mentirijillas. Es hablar de escaños o alcaldes, de programas políticos que no escriben los grandes candidatos y que no se leen los votantes masivos. Es hablar de discursos que no dicen nada... De repartirse el pastel, en definitiva. Reducida la democracia a eso, es hora de sacar conclusiones. El primer mensaje que dejan las elecciones es rotundo: el turnismo avanza devorando campamentos de ciudadanos indignados. El segundo mensaje es obvio: El PSOE se desploma y el Partido Popular arrasa. A veces bipartidismo, a veces monopartidismo. Nadie debe estar más asustado hoy que ayer. Tampoco más tranquilo.

PP. “Mañana me voy a poner a trabajar”, decía Mariano Rajoy tras pintar de azul el mapa electoral de ayer y situar al PP más de 9 puntos por delante del PSOE. Casi sonaba a la disculpa del perezoso al que sorprenden tumbado en el sofá. Ya es hora de que lo haga, dirán algunos. Dentro de un tiempo todos preferiremos que hubiese seguido con la hamaca y el puro. Lo único que se conoce de su programa es que aplicará un plan de recortes del Estado del bienestar como el que hizo David Cameron en Reino Unido. Esto es: miles de despidos en el sector público, tasas universitarias sometidas a la tabla de multiplicar del dos y el tres, vivienda social más cara... así hasta 20.000 millones de euros. “Yo haría algo similar en España”, dijo en El País. Tras el balcón de la victoria, Mariano esconde las tijeras. Que nadie espere tirabuzones, el trasquilón público está de moda.

PSOE. Tocado y hundido. El Partido Socialista vive de las apariencias de su apellido y cuando su actuación en el escenario se parece demasiado a lo que hace tras el telón se desinfla. Que Zapatero entrase ayer a Ferraz acompañado de un consejero de la privatizada Telefónica es la foto de la noche, la que explica el desplome del PSOE.

Cuando la economía marcha sola, las propuestas sociales del PSOE, que se deberían dar por descontado en un gobierno progresista, calan en la sociedad porque el PP nunca las pondría en marcha por su apego al votante de sotanas. Ningún simpatizante de izquierdas puede oponerse a modernizar la ley del aborto, a crear una ley contra la violencia de género, a la legalización del matrimonio homosexual, a una ley de dependencia (con escasos recursos) o una ley de Memoria Histórica (al final descafeinada y, por tanto, irrelevante). Son temas de consenso, de aplauso fácil, de un gobierno de rostro amable.

Pero esas medidas apenas tocan la estructura económica del país ni producen cambios relevantes en los derechos laborales o en el fortalecimiento de las estructuras del Estado, donde debían distanciarse las opciones de derecha y de izquierdas. Así, los socialistas comenzaron a hundirse el día que Zapatero mostró en público lo que el PSOE era en privado: un partido liberal sometido a los mercados. El día que acometió el mayor recorte de la historia de la democracia española, hace un año. Es hora de primarias, de que la careta se la ponga otro, en defintiva. De refundación nadie habla.

IU y otros. Izquierda Unida recupera 200.000 votos desde los anteriores comicios autonómicos. Y Cayo Lara se felicita porque se consolida como tercera fuerza política. El problema es que a base de consolidarse se fosiliza en un techo electoral que no llega al millón y medio de votos. Tras la caída en picado del partido todo avance es bueno, pero salir del coma a cuidados intensivos no es como para bañarse desnudo en Cibeles. Los avances electorales de IU siempre han llegado cuando el PSOE se hunde en las encuestas, como es el caso, o cuando gana por goleada y el PP no tiene opciones de disputarle las elecciones. Cuando los sondeos se igualan, IU se hunde en el barro del voto útil. El problema es que del mayor hundimiento de la historia del PSOE, IU ha capitalizado menos de un 1%, que es el porcentaje en que mejora sus resultados. En plena revolución del 15M esto no parece un cambio drástico de tendencia para IU.

El mejor ejemplo de este crecimiento inestable es Madrid. Esperanza Aguirre amplía su mayoría absoluta y el PSOE pierde unos 200.000 votos. IU sube dos escaños (de 11 a 13), arañando 22.000 votos. Palmaditas en la espalda en la coalición pero un dato alarmante: UPyD, de Rosa Díez, aparece en la escena ganando ocho diputados. Otras preocupaciones para IU: pierde la alcaldía de Córdoba con estrépito, su mayor fortín, y pierde poder de influencia en gobiernos como el de Sevilla y otras plazas. Los resultados de IU son como para meterlos al congelador. Aunque puede ser un principio de la vuelta a tiempos mejores.

Entre el resto de formaciones cabe destacar a Bildu en el País Vasco, que obtiene más concejales que nadie (953) y obtiene 74 alcaldías y 22 mayorías simples. El segundo partido más votado, tras el PNV, y cuyo papel en el final de ETA será mirado con lupa. De momento, cambia todo el panorama político de Euskadi.

La población y el 15M.
Lo que pasó ayer es España, sin más. En el protocolo de la resaca electoral toca siempre decir que el pueblo es sabio y soberano. A mí, sin embargo, me dan retortijones. Se revalidan mayorías absolutas de comunidades enfangadas por la corrupción y los imputados de la trama Gürtel u otras como el caso Brugal. Es el caso de Valencia, donde los Camps y los Fabras (el fabrismo no termina con Carlos Fabra, como el mismo ha dicho) seguirán campando a sus anchas; o Madrid, donde las mayorías de ayuntamientos del PP cuyas arcas han sido arrasadas por El bigotes, Correa y cía se renuevan con fuerza: Pozuelo de Alarcón, Majadahonda, Arganda del Rey, Las Rozas y Boadilla del Monte.

Tras días y días de protestas en las calles pidiendo democracia real todo sigue igual. Bipartidismo ramplón. La abstención, rozando el 34%, sigue siendo la misma. Los votos en blanco o nulos, testimoniales. La movilización ciudadana del 15M ha alimentado el debate -lo que es un logro- pero se confirma lo de siempre: 20.000 personas en Madrid o unas 200.000 en España (y el extranjero) no son una revolución popular, sino una revolución de élites. Minorías preocupadas, que se movilizan. El resto sigue siendo pan y circo. Aun así el 15M ha sido un buen intento que no ha terminado y que se ha ganado la oportunidad quijotesca y conmovedora de seguir levantando pesos muertos de los sillones de este país.

sábado, 21 de mayo de 2011

Españoles que se indignan por el mundo /REPORTAJE/


PUBLICADO EN PÚBLICO

Los jóvenes que se “exiliaron” del paro y la precariedad trasladan las protestas del 15M al resto de Europa / Desde 2008 el censo electoral en el extranjero ha aumentado casi un 20%
El repentino calambre de indignación que protesta en las calles españolas desde el 15 de mayo ha traspasado como una corriente eléctrica la espina dorsal de las fronteras del país. Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, Portugal... una gran cantidad de protestas se están convocando frente a las embajadas de España o en otros puntos neurálgicos de sus grandes ciudades. La Spanish Revolution, como ya se le llama en las redes sociales, se extiende. Hasta el momento no son tan numerosos, pero quienes están detrás de estas movilizaciones en el extranjero son especialmente sensibles al malestar que subyace en la protesta: son los jóvenes españoles que emigraron forzados por el paro y la precariedad laboral. Los que tratan de escapar en otros países de ese estigma que el FMI ha llamado “generación perdida”.

Sus proclamas son las mismas que se escuchan en el epicentro del movimiento, en la Puerta del Sol de Madrid. Sin siglas ni reglas, se sienten víctimas de la crisis y culpan de ello a los poderes financieros y a los “valores corruptos” de los partidos políticos, según rezan sus pancartas. Ellos están lejos de casa, pero ilusionados con esta respuesta en las calles. Quieren contar la historia de la generación más preparada, una generación emigrante. 

En París habla Pablo, un joven arquitecto que ha conseguido su primer trabajo remunerado a 1.500 kilómetros de casa, lejos del 43% de paro juvenil de España, el más alto de Europa: “Yo soy un emigrante económico”, dice entre orgulloso y resignado junto a otros 250 compañeros que protestaban el jueves frente a la embajada de España en la capital francesa. En España sólo consiguió ser becario y “vendedor en una tienda de deportes”. Su sueldo: “Bastante más que el salario mínimo de España”, dice con una sonrisa irónica. Su risa dice que el salario mínimo de España es 748 euros y el de Francia más de 1.300 euros. “Y no gano el mínimo de aquí, ¿eh?”, dice para despedirse.

Todos parecen sentirse así; una alusión a la condición de emigrantes del grupo le vale un aplauso cerrado a un joven que porta un megáfono en esa marcha. Cerca de él, un chico y una chica se miran y asienten. Resultan ser Dani y Paloma, dos investigadores. Él es matemático, ella físico. Su salida del país es lo que algunos llaman fuga de cerebros. No son de los más jóvenes, sobrepasan la treintena. Ya llevan varios años en Francia: “España es un país que te echa”, dice lapidario Dani. Es tajante: “Me gustaría volver, pero es que no merece la pena”. A su lado un amigo suyo, otro investigador. No da el nombre pero va al grano: se queja de que en España es imposible prosperar. “Es un país que renuncia a invertir en I+D, donde no hay lugar para los científicos y que baja los sueldos de los funcionarios y las pensiones mientras los banqueros se van de rositas y los políticos tienen sueldos vitalicios”, dice.

Ninguno está para bromas.  “Nos quedamos en Europa”, aseguran muchos. Y la verdad es que cada vez más españoles toman esa decisión. Es difícil saber cuántos españoles han emigrado en busca de trabajo desde que empezase a azotar la crisis, pero el Censo Electoral de los Españoles Residentes en el Extranjero (CERA) puede dar una buena pista: desde 2008 sus inscripciones han aumentado en casi 240.000 personas, hasta situarse en 1.441.086 españoles censados en otros países. Un 20% más. En los tres años anteriores a la recesión, esa lista sólo engordó un 6,4%.

¿Generación perdida?

En Londres se repiten las protestas. La página web de Democracia Real Ya en la capital inglesa se ha puesto el sobrenombre de Los 300 de Londres, en alusión a la película y la cifra espartana que han conseguido reunir, según sus cálculos. Desde allí, María José Vidal cuenta a este periodista que va a asistir a la concentración preparada el sábado y relata quejas similares a la de sus colegas franceses. “El ciudadano es el último de la fila, se nos ha ido privando de derechos hasta quedar indefensos ante el sistema”, se lamenta. Ella se ha marchado para aprender inglés y poder encontrar un futuro trabajo que lo siente imposible en España. Tiene tres carreras universitarias nada menos. Insuficiente para conseguir un trabajo cerca de los suyos.

El eco de las movilizaciones de España ha llegado también a Alemania. Varias ciudades organizan acampadas. Entre ellas Frankfurt. En el descanso del trabajo Oscar Portela, uno de los organizadores, dice que ya han pasado del centenar los que se organizan allí., otros tantos fueron en Berlín. Ingeniero informático, 31 años, de esos que implora la canciller Angela Merkel por los rincones de la UE. Ha trabajado en la Agencia Espacial Europea y ahora lo hace para la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumestat, en sus siglas en inglés). Se marchó “hastiado de los ritmos y las prácticas de trabajo” del sector tecnológico español. Otros compañeros suyos que se han asentado en tierras germanas son más explícitos y te hablan de las oportunidades de trabajo y de los sueldos: en Alemania el paro es casi testimonial (7,1%) y el salario medio de más de  41.000 euros anuales, según la oficina de estadística europea, Eurostat: lejos de los poco más de 20.000 euros de España. Y si dispones de un título universitario el salario medio alemán escala a más de 60.000 euros, según un estudio de Eurostat de 2002. En España esa cualificación no asegura a los jóvenes un empleo y menos acorde a su preparación.

Poco a poco los jóvenes españoles extienden su revolución por el mundo.Además de las citadas, hay convocatorias pidiendo “democracia real” en decenas de ciudades en Italia, Portugal, México, Tokio, Irlanda, Bélgica... Y cuentan que no se sienten una generación perdida, como dice el FMI, sólo una generación que quizá no vuelva a casa.

viernes, 13 de mayo de 2011

¡Irritaos! Apología del voto en blanco

Se acercan las elecciones en España, momento de izar la carpa para que comience el circo de la democracia. Cada pocos años los actores de la pantomima menos mala de las inventadas para gobernar al hombre se sacuden el polvo y se disponen a cumplir con el juego electoral. Las sedes de los partidos políticos abren sus puertas y, como un ejército en formación, salen de sus adentros hileras de sonrisas de plástico, afiladas y temibles, forzadas hasta el esguince de mejilla y prestas a repartir billetes de ida hacia una vida mejor para todos. Es la hora de las moscas, las promesas y las papeletas de colores de las que emana la voluntad popular. Estamos en campaña: sobran motivos para acopiarse de papel higiénico y no votar a nadie.

La política nació para ser un arte noble con el que poner en marcha bellos ideales de prosperidad y progreso, y los partidos políticos se concibieron para ser un vehículo que propiciase la vida democrática, estando entre sus funciones desempeñar una función representativa y ser un instrumento de participación ciudadana con el que articular modelos de convivencia.  ¿Qué queda de esa idea? Poco o nada. La política se ha convertido en un amasijo de poder y corrupción donde los partidos simplifican mensajes y empuñan clichés para tratar a los ciudadanos como una masa uniforme y lanar. La Democracia Representativa ha muerto en pos de la banalidad de la Democracia de Audiencia, como acuña el politólogo francés Bernard Manin.

Nunca he practicado pero creo que es la hora del voto en blanco. Parece imposible regenerar la política y los partidos sin limpiar antes el fango acumulado. Es tiempo de arrebatarles la legitimidad numérica para que limpien la basura acumulada en sus arterias.

Con los años, el juego de los partidos ha acabado por irritarme. Una vez incluso se me ocurrió formar parte de él a nivel municipal y acabé también irritado. Nada como acercarse a un partido para salir echando pestes de la política si tienes dos dedos de frente y toneladas de pudor. No soy al único que le pasa.

El descrédito de los partidos entre la ciudadanía es total. Su incapacidad o voluntad para resolver los problemas de una sociedad acosada por el paro y la crisis es manifiesta. Según el Barómetro de Opinión del CIS correspondiente al mes de abril, los partidos políticos son el tercer problema para la ciudadanía. Hasta un 21,5% de la población así lo considera. Y el aumento de ese porcentaje vuela: en abril de 2009 tan sólo eran considerados como un problema para el 8,8% de la población. Por delante de ellos, como males identificados por los españoles sólo están el paro y la situación económica, dos factores estrechamente relacionados con la gestión política.

No sólo su incapacidad o su falta de ideales proliferan. También la corrupción. Según datos de Transparency International (2010), los ciudadanos consideran que en los partidos políticos está instalada la corrupción mucho más que en otros órganos de poder como el sistema judicial, la policía, el ejército, las empresas, los medios de comunicación, el sistema educativo, las ONG o las organizaciones religiosas.



Y España es un buen ejemplo de la corrupción ligada a los partidos. La ciudadanía ve como los partidos no tienen ningún pudor en situar a candidatos electorales implicados en casos de corrupción como el caso Gürtel -la mayor trama de corrupción jamás vista- que salpica al PP; ve como miran para otro lado en el caso Mercasevilla o el escándalo de los ERE en Andalucía, por cortesía de miembros del PSOE; o ve casos poco éticos de uso de los fondos públicos en instituciones en las que tienen poder, como ha ocurrido en IU a la hora de financiar la Fundación Desarrollo y Progreso, de la que es fundador Miguel Reneses (secretario de Organización Federal) en el Ayuntamiento de Fuenlabrada, donde curiosamente es concejal su mujer, también de IU.

Estos casos nos llevan a hablar de la financiación de los partidos políticos en España. Que huele aquí y huele en la Unión Europea. Recientemente el Consejo de Europa ha puesto en la picota el oscurantismo de la financiación política en nuestro país. Este organismo ha puesto negro sobre blanco la realidad que impera y advierte de la opacidad de las cuentas de las agrupaciones locales, sobre todo en municipios de más de 20.000 habitantes. El informe especial del Grupo de Estados contra la Corrupción señala la existencia de "malas prácticas" en ese punto en donde "los riesgos de corrupción son particularmente altos", teniendo en cuenta además que, según los informes del Tribunal de Cuentas, el 25% de los ingresos de los partidos proviene de sus sedes locales, según publicó El País. El organismo hacía hincapié también en la ausencia de información sobre las fundaciones vinculadas a partidos y las deudas de éstos con las entidades de crédito. El informe consideraba que las formaciones españolas estaban en una posición muy dependiente de los bancos. Y no se salva ninguna. Ni a la izquierda ni a la derecha. Ocurre en el vértice del despacho presidencial y en el último rincón del último partido de la oposición de la localidad más pequeña.

¿De quién es la culpa de que la credibilidad de los partidos esté bajo mínimos? Si nadie tiene la tentación de matar a los mensajeros, hay que decir que es de los políticos, sin duda. En el fondo y en la forma.

Vamos con la forma, bastante mejor que el fondo aunque igual de pestilenta: los políticos han mutado su oficio hasta ser sólo profesionales de la sonrisa y el marketing. Actúan en un constante show televisivo, siempre pendientes de la pose que exige la cámara y están dispuestos sólo a hablar de lo que no nos interesa, de lo que no importa, tomándonos por tontos.  Así, escogen un tono raro para hablar que irrita, utilizan una irritante demagogia como mejor razonamiento y tratan de bombardear irritantemente con un mensaje maniqueo y conciso (e irritante, también), sin aristas ni espacio para la argumentación.

Esa parte da bastante asco. Pero no acaba ahí ni su jornada laboral ni las náuseas, ya que cuando han puesto al vulgo de su parte con el pan y el circo, comienza el fondo de su actividad. Cuando se cierran las puertas y se apaga el piloto rojo de las cámaras, ellos siguen trabajando. Es entonces cuando dejan en un vaso de agua las sonrientes fauces protésicas y se ponen todos el mismo traje: el de la élite aristocrática que mueve los hilos de poder. Con esa vestimenta se sientan en la mesa con otros hombres de Estado, que les llaman, que provienen del mundo de la banca, las grandes empresas y los grupos de presión. Todos juntos empuñan la cuchara, dispuestos a que ninguno se les acerque a la mesa y reparten los pasteles urbanísticos, desmontan estados del bienestar, defienden intereses corporativos, privatizan servicios, imponen fronteras (véase la limitación del Tratado de Schengen) o acometen los recortes sociales que negarán cuando al día siguiente vuelvan a encenderse las cámaras.

En estos días tratan de salir a flote movimientos ciudadanos como el denominado DEMOCRACIA REAL YA, que el día 15 de mayo aspira a salir a la calle con el lema que dice: “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Hay que regenerar la política, yo simpatizo con ellos. Y cuidado: en Europa resurge la extrema derecha. De tanto agitar el populismo a algunos el tema se les ha ido de las manos. Mientras tanto que se pare la maquinaria electoral: yo me bajo.