jueves 13 de octubre de 2011

¿Y si el PSOE hubiera hecho unas primarias a la francesa?

Las primarias francesas no son ningunas mozalbetas del país vecino un poco brutas, como podría pensar algún dirigente del partido socialista de España mirando hacia otro lado, sino un buen ejemplo de cómo extender la democracia a los partidos a la vez que te fabricas una monopolista campaña de imagen.

Los socialistas franceses no han apostado por sacar ante las cámaras, con fingida lágrima, a su ministra de Defensa para llorar presiones y evitar unas elecciones primarias. Tampoco han abierto un cuaderno azul con la lista de la compra, apareciendo entre los plátanos y el pescado el nombre subrayado de un candidato. Ni tan siquiera han hecho un mal recuento asambleario mano en alto (a veces con las dos manos en alto, como en los mejores atracos). No. Han salido los barones del partido a pelear en público, a enseñar las armas, las intenciones de Gobierno de cada uno y mostrar algunas divertidas dentelladas entre ellos.

Más de un mes de posibles candidatos perfilándose, debates televisivos de máxima audiencia entre los que se lanzaron a la arena, dos millones de votantes ciudadanos (no hacía falta ser militante), seis candidatos, elecciones a dos vueltas y hasta dos ex (Hollande y Ségolène Royal) enfrentados en las urnas... Allí se ha podido ver a los rojos del Partido Socialista, a los menos rojos, a los verdes, los centristas y a los que igual podían haber estado ahí que en la bancada de diputados de Sarkozy o en el consejo de administración de cualquier banco.

Para entendernos: imagínense (si no se les revuelve el estómago imaginando políticos) en un plató destripando sus ideas y su mala leche de ‘compañeros’ a Bono, a Patxi López, Rubalcaba, Chacón, a los guerristas, a los señores de la ceja (¿están ustedes por ahí? Deberíamos llenar los cartones de leche con su foto: desaparecidos) y a otros elementos que pueden colocar a izquierda o derecha de los rincones ideológicos del partido. Pues bien, lejos de ser un espectáculo dantesco, en Francia ha resultado enriquecedor.

Las primarias francesas han sido, por una parte, un éxito de transparencia y democracia participativa; se ha conseguido descubrir a dirigentes del espectro de la antiglobalización, saber quién quiere reducir el déficit y cómo, cuáles son las políticas educativas a aplicar, así como las inversiones que prevén. Y por la otra, se ha tenido pendientes de la campaña a cerca de 8 millones de personas (según los índices de audiencia), han corrido ríos de tinta con el proceso y nadie se ha acordado en Francia de que hay un dirigente que se llama Sarkozy y que la derecha se presenta a la contienda. Se han quedado fuera de foco. Es decir, las primarias han sido un éxito de aperturismo y marketing electoral.

De modo que, esperando aún la batalla final entre Aubry y Hollande -que ayer se batieron el cobre en directo- y el éxito real del PSF en las elecciones generales, es inevitable hacerse la pregunta: si el PSOE hubiera apostado por un proceso así de ambicioso, ¿hubiese movilizado a su electorado haciendo temblar la alfombra roja de Rajoy? Con unas primarias a la francesa, a lo mejor no se les hubieran roto los huevos. Ni hubo audacia ni imaginación para darle la vuelta a las encuestas.