La política nació para ser un arte noble con el que poner en marcha bellos ideales de prosperidad y progreso, y los partidos políticos se concibieron para ser un vehículo que propiciase la vida democrática, estando entre sus funciones desempeñar una función representativa y ser un instrumento de participación ciudadana con el que articular modelos de convivencia. ¿Qué queda de esa idea? Poco o nada. La política se ha convertido en un amasijo de poder y corrupción donde los partidos simplifican mensajes y empuñan clichés para tratar a los ciudadanos como una masa uniforme y lanar. La Democracia Representativa ha muerto en pos de la banalidad de la Democracia de Audiencia, como acuña el politólogo francés Bernard Manin.
Nunca he practicado pero creo que es la hora del voto en blanco. Parece imposible regenerar la política y los partidos sin limpiar antes el fango acumulado. Es tiempo de arrebatarles la legitimidad numérica para que limpien la basura acumulada en sus arterias.
Con los años, el juego de los partidos ha acabado por irritarme. Una vez incluso se me ocurrió formar parte de él a nivel municipal y acabé también irritado. Nada como acercarse a un partido para salir echando pestes de la política si tienes dos dedos de frente y toneladas de pudor. No soy al único que le pasa.
El descrédito de los partidos entre la ciudadanía es total. Su incapacidad o voluntad para resolver los problemas de una sociedad acosada por el paro y la crisis es manifiesta. Según el Barómetro de Opinión del CIS correspondiente al mes de abril, los partidos políticos son el tercer problema para la ciudadanía. Hasta un 21,5% de la población así lo considera. Y el aumento de ese porcentaje vuela: en abril de 2009 tan sólo eran considerados como un problema para el 8,8% de la población. Por delante de ellos, como males identificados por los españoles sólo están el paro y la situación económica, dos factores estrechamente relacionados con la gestión política.
No sólo su incapacidad o su falta de ideales proliferan. También la corrupción. Según datos de Transparency International (2010), los ciudadanos consideran que en los partidos políticos está instalada la corrupción mucho más que en otros órganos de poder como el sistema judicial, la policía, el ejército, las empresas, los medios de comunicación, el sistema educativo, las ONG o las organizaciones religiosas.
Y España es un buen ejemplo de la corrupción ligada a los partidos. La ciudadanía ve como los partidos no tienen ningún pudor en situar a candidatos electorales implicados en casos de corrupción como el caso Gürtel -la mayor trama de corrupción jamás vista- que salpica al PP; ve como miran para otro lado en el caso Mercasevilla o el escándalo de los ERE en Andalucía, por cortesía de miembros del PSOE; o ve casos poco éticos de uso de los fondos públicos en instituciones en las que tienen poder, como ha ocurrido en IU a la hora de financiar la Fundación Desarrollo y Progreso, de la que es fundador Miguel Reneses (secretario de Organización Federal) en el Ayuntamiento de Fuenlabrada, donde curiosamente es concejal su mujer, también de IU.
Estos casos nos llevan a hablar de la financiación de los partidos políticos en España. Que huele aquí y huele en la Unión Europea. Recientemente el Consejo de Europa ha puesto en la picota el oscurantismo de la financiación política en nuestro país. Este organismo ha puesto negro sobre blanco la realidad que impera y advierte de la opacidad de las cuentas de las agrupaciones locales, sobre todo en municipios de más de 20.000 habitantes. El informe especial del Grupo de Estados contra la Corrupción señala la existencia de "malas prácticas" en ese punto en donde "los riesgos de corrupción son particularmente altos", teniendo en cuenta además que, según los informes del Tribunal de Cuentas, el 25% de los ingresos de los partidos proviene de sus sedes locales, según publicó El País. El organismo hacía hincapié también en la ausencia de información sobre las fundaciones vinculadas a partidos y las deudas de éstos con las entidades de crédito. El informe consideraba que las formaciones españolas estaban en una posición muy dependiente de los bancos. Y no se salva ninguna. Ni a la izquierda ni a la derecha. Ocurre en el vértice del despacho presidencial y en el último rincón del último partido de la oposición de la localidad más pequeña.
¿De quién es la culpa de que la credibilidad de los partidos esté bajo mínimos? Si nadie tiene la tentación de matar a los mensajeros, hay que decir que es de los políticos, sin duda. En el fondo y en la forma.
Vamos con la forma, bastante mejor que el fondo aunque igual de pestilenta: los políticos han mutado su oficio hasta ser sólo profesionales de la sonrisa y el marketing. Actúan en un constante show televisivo, siempre pendientes de la pose que exige la cámara y están dispuestos sólo a hablar de lo que no nos interesa, de lo que no importa, tomándonos por tontos. Así, escogen un tono raro para hablar que irrita, utilizan una irritante demagogia como mejor razonamiento y tratan de bombardear irritantemente con un mensaje maniqueo y conciso (e irritante, también), sin aristas ni espacio para la argumentación.
En estos días tratan de salir a flote movimientos ciudadanos como el denominado DEMOCRACIA REAL YA, que el día 15 de mayo aspira a salir a la calle con el lema que dice: “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Hay que regenerar la política, yo simpatizo con ellos. Y cuidado: en Europa resurge la extrema derecha. De tanto agitar el populismo a algunos el tema se les ha ido de las manos. Mientras tanto que se pare la maquinaria electoral: yo me bajo.
4 comentarios:
Mas razón que dios... sólo que no hay que votar en blanco, porque dichos votos van a parar a la mayoría. HAY QUE VOTAR NULO, esos si se contabilizan y no van a parar a ningún lado. Así que el día de las elecciones coge tu papeleta hazla añicos delante de la cara de todo el mundo metela en el sobre y a la urna.
Se debe correr la voz, ¡es la única manera que hay de hacerles frente!
La verdad es que quiero investigar bien las diferencias entre voto en blanco y nulo a efectos de escaños... Prometo un artículo sobre ello. En cualquier caso, es una forma de evidenciar que la ciudadanía está harta de este circo. Muchas gracias por la lectura. Un saludo.
Votar en blanco o no votar al final es prácticamente lo mismo: sólo se benefician de ello el bipartidismo, es decir: PP y PSOE. Es más útil para la democracia votar a otro partido, para que el reparto de escaños sea más equitativo y real, así como para evitar mayorías absolutas y abusos de poder.
Un saludo.
Hola Alles,
Es una visión del asunto. Lo que pasa es que un minoritario tampoco garantiza más limpieza... tampoco lo están demostrando del todo.
Y además, ya de igual que un minoritario obtenga 2 escaños más... sino de deslegitimar al sistema. La ley electoral tampoco les va a dejar margen para más. El asunto es darle la espalda a lo atado y bien atado del tinglado. Los partidos deben regenerarse y abrirse. Y Nadie puede gobernar con un porcentaje de voto ínfimo. Es que es un hartazgo ya...
Un saludo,
Jesús
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