sábado, 11 de diciembre de 2010

Salvar al soldado Manning de las garras del Nobel de la Paz

En el momento en que escribo estas líneas, miles de personas se manifiestan en todo el mundo por la liberación de Julian Assange, un personaje casi de cómic que se subió a la torre más alta que encontró en Internet, abrió los brazos, y dejó caer una lluvia de documentos secretos que han lavado la pintura de colores de los edificios de los gobiernos del mundo, quedando a la intemperie su verdadera cara.

Asesinatos y torturas no confesadas, mandatarios traficando con el poder y toneladas de oscurantismo, hipocresía y cloacas de una democracia inexistente y una política corrupta. El otro lado del telón de los gobiernos es el agujero negro que todo el mundo sospechaba.


Los papeles de Wikileaks puede que cambien el periodismo para siempre, que despierten la conciencia del mundo o que la elasticidad del sistema se trague su rebelión y todas las abuelas retomen mañana la calceta que interrumpieron cuando Assange puso en escena esa arma de información masiva que tenía entre las manos. Lo que es seguro es que, en estos momentos, una chispa de conciencia se ha encendido entre una población casi autómata; que por unos momentos ha dejado de empujar la rueda del molino y ha levantado la cabeza para ver quien mueve los hilos de nailon que alguien les cosió en los brazos.

Hubiese sido más fácil titular esta columna con el nombre de Julian Assange. El Robin Hood inspirador de este movimiento; encarcelado como el Premio Nobel de la Paz, Lui Xiaobo, y perseguido por los resortes del Gobierno del anterior Premio Nobel de la Paz Barack Obama (ironías de la vida y el marketing). Pero al leer como un joven hacker holandés ha sido encarcelado por atacar en la Red a las empresas que boicotean a Wikileaks, me he dado cuenta de que los peones rasos de esta batalla no tienen quién les defienda.

Y entre los más desamparados está el soldado Bradley Manning. Este hombre de 22 años está en una prisión militar estadounidense esperando un juicio ‘justo’ (escrito con las más grandes comillas que he podido encontrar) por traición o espionaje. Fue, según dicen, la mano que filtró los documentos. El soldado Manning estará ahora solo en su celda. No escucha a nadie gritar su nombre tras las rejas, ni un alma pidiendo su libertad. Y también es un héroe, que no hubiera demostrado más valor ni esquivando un millón de balas en una trinchera. Un héroe del que, maldita sea, no he podido recordar su nombre teniendo que buscarlo en Internet, la maleza virtual de unos y ceros donde Assange de los bosques tiene escondida a su guerrilla.

viernes, 3 de diciembre de 2010

EEUU le enseña a Assange el coste de informar en democracia

El Congreso estadounidense trata de eliminar de Internet a ‘Wikileaks’. Hay peticiones de aplicarle la Ley Antiterrorista y la Ley de Espionaje. Las empresas que le suministraban el servidor y el DNS se niegan a ofrecerle el servicio. La Interpol busca a Julian Assange. Viernes 3 de diciembre, 12:10 de la mañana: ‘Wikileaks’ sigue vivo. De momento. Artículo que he publicado en la web de Radio Francia Internacional.

 La dirección www.wikileaks.org por momentos dejó de existir el viernes, su dirección en la Red pasó a ser http://46.59.1.2/. No es ningún código secreto, es lo que quedó de la pagina web de revelación de secretos de Julian Assange, que durante horas fue borrada del mapa virtual. Sólo es una de las heridas por las que supura el acoso a Assange. Estados Unidos ha pasado de enseñarle los dientes a morder como un perro de presa: trata de desenchufar de Internet a Wikileaks y mueve sus hilos para detener a Assange.

El cerco se ha estrechado. Después de que el senador independiente Joe Lieberman, jefe del Comité de Seguridad Nacional de esa cámara legislativa estadounidense, obligara el miércoles a la empresa Amazon a expulsar a Wikileaks de sus servidores, un nutrido grupo de representantes y congresistas de EEUU han instado al Gobierno a que prohíba la visita a la web Wikileaks.org desde Norteamérica y que mueva los hilos para expulsarla permanentemente de Internet. 

Para leer el reportaje completo, haga click aquí

jueves, 2 de diciembre de 2010

Zapatero, ‘lameculos’ del terrorismo de Estado norteamericano

En las manifestaciones contra la guerra de Irak se hizo famoso un cartel de una revista humorística (El Jueves) que decía: “Aznar, lameculos de Bush”. Pretendía simbolizar el vasallaje sin rubor que se imponía el Gobierno del PP ante los despropósitos belicistas del entonces presidente norteamericano. Ahora, los cables diplomáticos que Wikileaks ha proporcionado a El País permiten poner el nombre de Zapatero y su Gobierno a la altura de ese lema, quizá no muy elegante, pero que esconde una sangrante verdad.

Lo terrible es que no hay humor posible en lo revelado, ya que de tapar cadáveres y torturas se trata. Ha quedado al descubierto como el fiscal general del Estado, altos miembros de la judicatura, los ministros Moratinos y Aguilar y hasta la vicepresidenta De la Vega humedecieron con su saliva las posaderas de la Administración norteamericana en asuntos más que pestilentes.

Queda la descubierto como el Gobierno de Zapatero trabajó para impedir que se depuren las consecuencias de matar al cámara José Couso o de torturar en el paraíso de la mutilación del derecho internacional que es Guantánamo. O como mintió cuando dijo que no le constaba la existencia de vuelos de la CIA aterrizando en España para transportar a presos torturados, cuando en realidad “no pone reparos” para que se haga.

Da vergüenza de Estado comprobar cierto lo que ya se sospechaba en esas tertulias de café donde personajes extravagantes que fuman pipas y porros y tienen ideologías arcaicas hablan gratuitamente de conspiraciones imaginadas y gobiernos en la sombra. La realidad que muestran los cables diplomáticos ha vuelto cuerdos a los locos: las palabras en política y en democracia son eslóganes huecos. Falsos. Podridos.

Wikileaks pone al descubierto como los hombres y mujeres rectos, que gustan de llamarse de Estado, gobiernan a puerta cerrada, de espaldas a la audiencia, entre “bastidores”, movidos por sucios propósitos que poco tienen que ver con el interés general o los nobles valores. Todo se decide lejos de las urnas, al abrigo de la mirada de la muchedumbre lanar que es gobernada desde los despachos de maderas nobles y sillones de cuero, que es donde están las auténticas alcantarillas del sistema.

En España, también. Con Aznar y con Zapatero, con el socialismo y con el conservadurismo, con el tanto monta y el monta tanto. Váyase ya, señor Zapatero, que entre el siguiente enmascarado en la rueda del turnismo pestilento. Que siga el circo de la democracia, donde leones y payasos no son lo que parecen o son precisamente ese traje que los viste y calza.