jueves, 2 de diciembre de 2010

Zapatero, ‘lameculos’ del terrorismo de Estado norteamericano

En las manifestaciones contra la guerra de Irak se hizo famoso un cartel de una revista humorística (El Jueves) que decía: “Aznar, lameculos de Bush”. Pretendía simbolizar el vasallaje sin rubor que se imponía el Gobierno del PP ante los despropósitos belicistas del entonces presidente norteamericano. Ahora, los cables diplomáticos que Wikileaks ha proporcionado a El País permiten poner el nombre de Zapatero y su Gobierno a la altura de ese lema, quizá no muy elegante, pero que esconde una sangrante verdad.

Lo terrible es que no hay humor posible en lo revelado, ya que de tapar cadáveres y torturas se trata. Ha quedado al descubierto como el fiscal general del Estado, altos miembros de la judicatura, los ministros Moratinos y Aguilar y hasta la vicepresidenta De la Vega humedecieron con su saliva las posaderas de la Administración norteamericana en asuntos más que pestilentes.

Queda la descubierto como el Gobierno de Zapatero trabajó para impedir que se depuren las consecuencias de matar al cámara José Couso o de torturar en el paraíso de la mutilación del derecho internacional que es Guantánamo. O como mintió cuando dijo que no le constaba la existencia de vuelos de la CIA aterrizando en España para transportar a presos torturados, cuando en realidad “no pone reparos” para que se haga.

Da vergüenza de Estado comprobar cierto lo que ya se sospechaba en esas tertulias de café donde personajes extravagantes que fuman pipas y porros y tienen ideologías arcaicas hablan gratuitamente de conspiraciones imaginadas y gobiernos en la sombra. La realidad que muestran los cables diplomáticos ha vuelto cuerdos a los locos: las palabras en política y en democracia son eslóganes huecos. Falsos. Podridos.

Wikileaks pone al descubierto como los hombres y mujeres rectos, que gustan de llamarse de Estado, gobiernan a puerta cerrada, de espaldas a la audiencia, entre “bastidores”, movidos por sucios propósitos que poco tienen que ver con el interés general o los nobles valores. Todo se decide lejos de las urnas, al abrigo de la mirada de la muchedumbre lanar que es gobernada desde los despachos de maderas nobles y sillones de cuero, que es donde están las auténticas alcantarillas del sistema.

En España, también. Con Aznar y con Zapatero, con el socialismo y con el conservadurismo, con el tanto monta y el monta tanto. Váyase ya, señor Zapatero, que entre el siguiente enmascarado en la rueda del turnismo pestilento. Que siga el circo de la democracia, donde leones y payasos no son lo que parecen o son precisamente ese traje que los viste y calza.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Más razón que un santo tiene usted. Valiente entrada. Un saludo