En el momento en que escribo estas líneas, miles de personas se manifiestan en todo el mundo por la liberación de Julian Assange, un personaje casi de cómic que se subió a la torre más alta que encontró en Internet, abrió los brazos, y dejó caer una lluvia de documentos secretos que han lavado la pintura de colores de los edificios de los gobiernos del mundo, quedando a la intemperie su verdadera cara.
Asesinatos y torturas no confesadas, mandatarios traficando con el poder y toneladas de oscurantismo, hipocresía y cloacas de una democracia inexistente y una política corrupta. El otro lado del telón de los gobiernos es el agujero negro que todo el mundo sospechaba.
Los papeles de Wikileaks puede que cambien el periodismo para siempre, que despierten la conciencia del mundo o que la elasticidad del sistema se trague su rebelión y todas las abuelas retomen mañana la calceta que interrumpieron cuando Assange puso en escena esa arma de información masiva que tenía entre las manos. Lo que es seguro es que, en estos momentos, una chispa de conciencia se ha encendido entre una población casi autómata; que por unos momentos ha dejado de empujar la rueda del molino y ha levantado la cabeza para ver quien mueve los hilos de nailon que alguien les cosió en los brazos.
Hubiese sido más fácil titular esta columna con el nombre de Julian Assange. El Robin Hood inspirador de este movimiento; encarcelado como el Premio Nobel de la Paz, Lui Xiaobo, y perseguido por los resortes del Gobierno del anterior Premio Nobel de la Paz Barack Obama (ironías de la vida y el marketing). Pero al leer como un joven hacker holandés ha sido encarcelado por atacar en la Red a las empresas que boicotean a Wikileaks, me he dado cuenta de que los peones rasos de esta batalla no tienen quién les defienda.
Y entre los más desamparados está el soldado Bradley Manning. Este hombre de 22 años está en una prisión militar estadounidense esperando un juicio ‘justo’ (escrito con las más grandes comillas que he podido encontrar) por traición o espionaje. Fue, según dicen, la mano que filtró los documentos. El soldado Manning estará ahora solo en su celda. No escucha a nadie gritar su nombre tras las rejas, ni un alma pidiendo su libertad. Y también es un héroe, que no hubiera demostrado más valor ni esquivando un millón de balas en una trinchera. Un héroe del que, maldita sea, no he podido recordar su nombre teniendo que buscarlo en Internet, la maleza virtual de unos y ceros donde Assange de los bosques tiene escondida a su guerrilla.

5 comentarios:
Interesante apreciación sobre esos héroes necesarios de cuyo nombre no nos acordamos.
Muy buen artículo. Cada día me gustan más tus textos.
Un abrazo.
Muchas gracias por tu comentario, Tomás. Es intolerable el acoso a Wikileaks.
Un abrazo.
es normal don jesús, la misma premsa qe calla lo que todos ya sabíamos y hoy nos corroboran los documentos, es la que se encarga de hacer de esto un circo donde al final lo importante es saber las inclinaciones sexuales del señor Assange.
Del resto ni hablar, ni del soldado Manning (¿qué tal una entrevista con su atribulada madre como se hace en otros casos?), ni mucho menos de otros muertos que ni siquiera tienen nombre.
esto es un circo y usted, amigo jesús, cada día mejor.
mitxel
Gracias por tus palabras mitxel. Tienes razón, hay que evitar que el circo nos impida ver el fondo del asunto. Creo que la democracia verdadera, nunca quedó tan en entredicho.
Un saludo.
Gracias por la acogida y saludos a todas/os las/os compañeras/os de IloveIU
Campaña “Jubilación a los 67. Cuenta atrás”:
http://basilio-pozo-duran.blogspot.com/2010/12/jubilacion-los-67-quedan-40-dias.html
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