miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿Tiene Zapatero el signo de la mutilación?

Vivir de las prestaciones no será ya una opción”. Esas palabras sonaron con la humedad salivosa de un relamido momentos antes de que David Cameron mordiera como un vampiro la vena yugular de los derechos laborales de sus compatriotas. El ejercicio de mutilar el Estado del Bienestar se ha instalado en Europa, y siempre hay una señal que lo precede.

De un tiempo a esta parte, el signo de la mutilación aparece con frecuencia. El premier británico no está solo: su consigna es el fantasma que recorre la Vieja Europa. De Alemania a Francia, en todos los rincones se escuchan los aullidos de los recortes sociales.

Es un ejército de vampiros neoliberales que araña con refinada manicura el timón del buque de la Unión Europea: Nicolas Sarkozy le ha clavado el diente a las jubilaciones en Francia, Berlusconi hizo lo propio con las pensiones de los italianos, la canciller alemana, Angela Merkel, ha recortado las ayudas para los parados crónicos, Irlanda se dedica a bajar los sueldos del país -además de a practicar el ejercicio de la quiebra por ayudar a sus bancos-, etc. La UE es ya una galera y todos los Gobiernos reparten gustosos las cadenas.

Cuando en los años 80 Ronald Reagan tuvo la infeliz ocurrencia de decir que “el Estado no es la solución, sino el problema”, la Torre de Babel del gigante financiero Lehman Brothers -quebrado hace ya más de dos años- comenzó a desplomarse y a tumbar al resto de bancos del mundo como si fuesen fichas de dominó que se empujasen unas a otras.


Ese día la fe de los maletines y corbatas del neoliberalismo se asustó de verdad: “¡Refundemos el capitalismo!”, decía Sarkozy con el puño apretado en las reuniones del G-20 como si gritara a las masas desde el cajón de una fábrica; “Suprimamos el libre mercado”, suplicaba hasta el delirio la patronal española; “Regúlennos, intervéngannos”, sollozaba la banca mundial besando con devoción el salvavidas del dinero público.

Nada queda de esas magistrales interpretaciones. Una vez que se embarcó al contribuyente en el rescate a la banca inflando los déficit públicos con ese colesterol, ahora se trata de que los libros de Historia cuenten que las cuentas de los Estados enfermaron por las prestaciones de los desempleados, que eran unos vagos sin iniciativa que se empeñaban, ¡además!, en vivir más años y derrochar también las pensiones. “Fricciones”, lo llamaron los Premio Nobel de la época.

Pero, por muy vampiro que uno sea, es menester disimular la impunidad al traficar con sangre ajena, si no se quiere que la muchedumbre suba a las puertas del castillo armada con antorchas y sus horquillas de recoger paja. El ejercicio de criminalizar a quien pagó el rescate y sufre las consecuencias de la crisis es el camuflaje que precede a los recortes, la señal que profetiza la mutilación.

Las leyes de la Física dicen que el esparto de unas alpargatas tarda un siglo en desgastar los empedrados de las calles hasta conquistar un derecho social, y también que luego se pierde en lo que dura un pestañeo. Los tiempos son propicios para que las clases medias y bajas desempolvaran sus alpargatas... pero ya no se fabrican.

Así las cosas, al igual que los palacios renacentistas italianos se construyeron con los materiales de los antiguos monumentos del Imperio Romano -privando a la humanidad de su legado-, se puede ver al neoliberalismo reconstruir su tinglado expoliando la piedra del Estado del Bienestar. Se les puede ver arrancar el mármol de los derechos adquiridos y transportarlo a plena luz del día para revestir otra vez los templos del dinero.

Y en España, ¿se ha aparecido la señal de la mutilación?


Vivir de las prestaciones nunca ha sido una opción, pero el mensaje vende. También en España. El distinguido porte conservador de nuevo sastre thacherista con el que cuenta David Cameron ya tiene la ferviente admiración de Mariano Rajoy. El líder del PP sueña con emular su destreza en el arte de la tijera y se imagina a sí mismo retozando por el suelo de los pasillos de La Moncloa entre un lecho de jirones del Estado social. “El plan de Cameron da confianza; yo haría algo similar en España”, aseguró en una entrevista a El País. Mientras espera su momento, contempla ensimismado los 500.000 empleos públicos británicos que ya flotan en el Támesis, quizás evocadores de los “hilillos” de las rías gallegas de su reciente juventud.

¿Y Zapatero? El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, como otros gobiernos sospechosos de socialdemócratas -tal que Portugal o Grecia-, se ha dejado llevar por la fiesta de la sangre que emana de la Bruselas liberal y el FMI. Pero no es lo mismo. Los colmillos de Zapatero son de sonriente leche, les es negada la genética adecuada para disfrutar con esa carnívora labor. Es un no muerto anémico, cuyo vampirismo no le viene de familia.

Aunque le haya caído una huelga general, ni sus recortes ni su reforma laboral son especialmente duros. De donde no hay - conquistas sociales en España-, no se puede sacar. Sólo es un converso al que los sedientos mercados le mordieron un poco y le convencieron de recortar gasto social, de congelar pensiones, de abaratar el despido... de apretarse el cinturón en “un ejercicio de responsabilidad”, como se justificó en mayo pasado, cuando imitó la verborrea de sus colegas europeos.

Con todo, su mayor pecado no reside en lo que ha hecho sino en lo que dejó de hacer: mantener los estímulos de una economía que necesita de inversión pública para contener el aumento del paro, disparado por la depresión del consumo privado. Así, se ha puesto hacer ahora lo que tenía que hacer en el futuro -la reducción del déficit-, mientras se le desangra el mercado laboral y las perspectivas de voto por la misma herida.

Así, se le ve herido en las encuestas, pálido por los pasillos, envejecido. Es difícil saber hasta donde llega el grado de vampirización que ha alcanzado. “El tiempo de los ajustes es duro. Sé lo que tengo que hacer. Y lo voy a hacer”, dijo en una entrevista publicada el domingo por El País. ¿El signo de la bestia?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno Jesús.

(Y ya era hora)

un abrazo.

mitxel

Jesús Moreno Abad dijo...

Gracias mitxel.

Me alegra ver que hay gente que nunca desfallece.

Un abrazo.
Jesús

Jon Juanma dijo...

Felicidades por tu nuevo blog y excelentemente escrito el presente artículo. Sigue así.

Abrazo

Jon

Jesús Moreno Abad dijo...

Gracias Jon Juanma. Un saludo.
Jesús