sábado, 28 de marzo de 2009

LA CERTIDUMBRE DE LO INMUTABLE



La certidumbre de lo inmutable

Cada mañana, todo ciudadano occidental que se precie lo primero que hace es asomarse a la ventana y ver el inmutable paisaje de edificios que se alza ante sus cabezas, como comprobando que su seguro modo de vida sigue en pie un día más. Pero, ¿es segura la inmutabilidad de nuestra realidad? ¿nos daríamos cuenta si una mañana faltara algún componente de nuestro paisaje?

Durante el último año y medio, el ciudadano de a pie ha desayunado cada día con datos complejísimos que anuncian la caída del sistema: ese modelo de felicidad divina de gran predicación televisiva. Los papeles han venido hablando de una explosión bursátil y financiera que ha derribado los pilares de la civilización con dinamita de ratings triple A, titulizaciones y deudas tóxicas millonarias. Datos todos tan espesos que el ciudadano cerraba el periódico respirando aliviado por no haber invertido en nada que no sea el trabajo de sus propias manos. Eso que llaman “economía real”. Por eso, cada mañana todos mirábamos y tocábamos las calles con el empirismo de nuestra manos: todo sigue igual.


Desde que comenzó la crisis, en el mundo se han declarado en bancarrota dos bancos a la semana, han desaparecido 400.000 millones de dólares del sistema financiero; en España, se está llenando un pozo sin fondo de parados –camino de los 4 millones-, se prevé que 1.500.000 de ellos no tengan subsidio de desempleo en verano, 50.000 PYMES han cerrado en un año...

Poco a poco, nos hemos sentido incómodos al abrir la ventana con el ruidoso grito que profiere el despertador en nuestros oídos al detectar, incansable, los primeros rayos del sol. Madrugar es el peaje que paga quien no tiene ojos para distinguir los bordes acuosos del, hasta ahora, prospero mundo de las burbujas financieras.

La inquietud es la misma que al que se le cae el cabello: se pierden mechones en la frondosidad, pero no eres consciente hasta que te quedas calvo. Todo parece igual que ayer, pero juraríamos que enfrente había un banco, las oficinas de una empresa o el edificio donde trabajaba tu vecino. Desaparecen las piezas del sistema mientras unos no se enteran y los gobiernos ponen cara de normalidad, pese a que han asistido al derribo durante la noche. Y hoy, al otro lado de la ventana, la economía real es un solar que nadie quiere comprar.

Ahora que el ciudadano no puede seguir mirando hacia otro lado, se da cuenta más que nunca de que no se cruzan sus miradas con las de los políticos. Ellos miran hacia abajo, silbando disimuladamente y negando el hecho de que liberalizaron los flujos comerciales y financieros. Obviando que desmontaron el estado a favor de las manos invisibles. Lo hicieron las derechas, los socialistas venidos a progres, el centro... todos. ¿Alguien se leyó la Constitución europea, que votamos copiosamente?: un canto al liberalismo y la privatización de servicios.

Ahora toca liderazgo; pero, como los rubís, se percibe que es un bien escaso. Incluso el fenómeno Obama se muestra timorato a la hora de aplicar el bisturí. “No soy socialista”, se defiende ante la previsión de nacionalizar entidades (usen el eufemismo “cooperación mixta” si se quiere) que se vienen a pique y provocan el efecto dominó de un mundo globalizado en lo económico y huérfano de tejido político regulador a su alrededor.

De momento, Obama puso a funcionar la maquinita de hacer dinero e insufla vergonzantes cantidades de dinero a entidades en llamas, dirigidas por los mismos pirómanos que encendieron el fuego. Y llegan las paradojas del sistema: la administración Obama (perdón, los contribuyentes estadounidenses) salva a la aseguradora AIG, y esas ayudas acaban en las tripas fiscales de los bancos europeos, que eran los que habían comprado los seguros contra impagos de deuda (credit default swaps). Y el sufrido contribuyente se pregunta: ¿Por qué yo, granjerito de Arkansas, he de salvar a los bancos europeos? Globalización, amigos, globalización. El dinero y el tóxico están en todas partes y en ninguna a la vez.

El G-20 tampoco se aclara. En la reunión del pasado fin de semana, el eje de EEUU, China, Reino Unido y Japón apostó por el estímulo fiscal como sustrato sobre el que acabar con la crisis. El otro eje, el europeo, encabezado por Alemania y Francia, abogó solemnemente por reformar los organismos de control de los mercados financieros. Como si quedara en pie algún mercado financiero que reformar. Así les llegó la hora del desayuno sin que diera tiempo a llegar a acuerdos. Eso sí, salieron sonrientes a recibir a la prensa, con esa sonrisa de plástico con la que tratan de generar confianza. Al fin y al cabo, ese es su diagnóstico: “la crisis es un problema de confianza”.

El gobierno español, mientras tanto, atento siempre a la jugada y, en palabras de su vicepresidente económico Pedro Solbes, “satisfecho por el gran grado de consenso”. No en vano, España tiene tres hechos diferenciales dentro de la crisis: el primero es la dependencia del sector inmobiliario, el segundo, el paro y el tercero es la sonrisa bobalicona de su gobierno, en particular, y de su clase política en general.

Nuestro país es el estado de la UE que más empleo destruye. Como muestra un botón, el que activa todas las alarmas: entre octubre y diciembre, según Eurostat, se destruyeron 672.000 empleos en la UE, de los cuales 489.500 son puestos de trabajo destruidos en España.

No toda la culpa parece ser del contexto internacional, por tanto. En detrimento del rubí del liderazgo, hemos tenido la joya sorpresa del roscón de reyes (reyes borbones, claro): un gobierno que negaba la crisis y que está mostrando una alarmante falta de ideas e iniciativas. Da muestras de agotamiento en la política entendida como resolución de los problemas ciudadanos, y de cansancio en la “política”, entendida como artimañas de mayorías parlamentarias. El barco se hunde y el capitán no sale del camarote.

Y la oposición no está mucho mejor. El PP sin propuestas conocidas de primera mano -ni siquiera por intuición del espíritu-. Algo que, por otra parte, puede ser hasta tranquilizador, ya que su ideario económico se reduce a bajar los sueldos, abaratar el despido y reducir el gasto público en las partidas que más necesitan los ciudadanos. Su única ocupación conocida es la de cazar jueces que airean sus continuos casos de corrupción. Es preocupante esa continua adicción a las sustancias conspirativas.

Entre la oposición minoritaria el panorama es dantesco, para mayor gloría del macramé patrio. Los partidos nacionalistas luchando por llevarse para “su tierra” el mayor trozo posible de una tarta que no existe; UpyD cosiéndole las costuras a una patria que no se deshilacha y, por último, Izquierda Unida brazeando cubo en mano en un escaño que hace aguas por todas partes.

Quizás sea hora de hacer algo. Los movimientos ciudadanos, las cibermultitudes, los analistas de taberna, el ágora, la calle... La conciencia debe despertar del letargo del bipartidismo, ese proceso vampirizador que inició Cánovas del Castillo, y exigir las reformas estructurales que España, Europa y el mundo necesitan. ¿Huelga general? Yo no he dicho nada. También podemos no levantar las persianas y seguir viviendo en la caverna de Platón.

8 comentarios:

Ana dijo...

Me interesó mucho Jesús, muy certero. ¿Desobediencia civil? Yo nunca he escrito eso en mi blog!
Un beso

El Observador Sarcástico dijo...

Que buena actitud la tuya, ¿desobediencia civil? Yo tampoco lo he dicho nunca! jeje

Un besote.

Loc@ dijo...

¡Estamos tan manipulados! hasta los que pretendemos salirnos de la norma, ver más allá de la apariencia de realidad que nos dibujan, tenemos nuestra cuota de ceguera ¿voluntaria? creo que no, simplemente falta de la información de la que disponen los manipuladores/poderes económicos.
Besos. PAQUITA

El Observador Sarcástico dijo...

Buena reflexión la tuya, amiga.

Y a lo peor estamos sobreinformados de cosas banales que nos impiden ver la realidad.

Seguiremos escarbando para ver más allá del humo.

Un saludo.

Twat Boy dijo...

El sistema está aliado para mantenerse en pie: gobierno, oposición, empresarios, sindicatos... Pocos quedan en quien confiar, los estudiantes enfrascados en Bolonia y sin ver más allá, los trabajadores estamos más preocupados de conservar nuestro precario trabajo que en cambiar nada, las grandes empresas aprovechando el tirón para despedir y contratar en condiciones más precarias, los sueldos más bajos que nunca (¡¡oh, no, deflación!!)... El capitalismo, que gran sistema anulaconciencias.

El Observador Sarcástico dijo...

Una respuesta muy inteligente la tuya Twat Boy. Efectivamente el capitalismo es el sistema de las incongruencias... y la supervivencia, también, el cabrón es tan elástico que lo absorbe todo.

Gracias por tu visita,
un saludo.

Anónimo dijo...

Qué pasa Jisus!
Admito que siempre que me tomo un rato para pasear por tu blog, salgo satisfecho, pero decepcionado.Especialmente con esta "certidumbre de lo inmutable". La decepción tiene su explicación en las, para mi, verdades que planteas. Satisfecho en cambio porque, aunque nos estás recordando que el globo que "protegía" el capitalismo se ha despedazado con más violencia que nunca, que el sistema se ha roto, que ha demostrado no servir, que los actores internacionales se han quedado en eso, en actores, que los datos confirman una situación crítica y no auguran nada mejor, sino que no hacen más que obligar a la gente a no imaginar el final. Y por si fuera poco, somos todos piezas de un puzzle esperando llenar nuestro hueco del dibujo mientras le gritamos al gigante que intenta unirnos: ¡Eh!¡Eh!¡Si no encajo, no hagas más fuerza!. Y lo peor aún es que no escucha. Aún leyendo todo ese crudo mensaje, haces que la lectura se disfrute sinceramente, así que te felicito y te animo a que no pares, de pensar, de escribir, de ser sarcástico, etc.

Un abrazo!

J. Fontana

El Observador Sarcástico dijo...

Impresionante comentario, señor Fontana.

Efectivamente, como tú dices con ese "no hagas fuerza que no encajo", el sistema estába moviéndose a costa de extorsionar a quien tiene que comprar lo que produce: las clases medias y bajas.

Mira que echo de menos a los locos de la UEM ¿eh? A ver si ya que me he dejado de operaciones, trabajos forzados y exámenes me paso por allí y nos tomamos algo, compañero.

Cuídate mucho tío y gracias por pasarte por aquí.

Un abrazo.