IU o la sonrisa de plástico
Salieron los líderes de Izquierda Unida de su IX Asamblea -que debía refundar la coalición- con una sonrisa de plástico, de esas que se colocan antes de abrir la puerta y recibir el aluvión de fotos y preguntas de la prensa. No en vano, debían explicar cómo después de dos días salían de allí, por primera vez en su historia, sin un Coordinador General; un líder que ilusionara a la militancia, cohesionara el partido y dijera a los votantes que los nuevos tiempos habían llegado a IU.
Porque todo acababa como empezó. IU salió de su “Asamblea constituyente” particular con la misma enfermedad con la que entró: sin una dirección mayoritaria y de consenso que acabase con el bloqueo político de la coalición.
Los 790 delegados que debían votar el nuevo Consejo Político Federal (CPF), otorgaron una exigua mayoría al Partido Comunista de España (PCE), cuya lista, encabezada por Cayo Lara, obtuvo un 43% de los votos y 39 asientos en el Consejo. Por detrás de éstos, se situaron la lista de IU Abierta (Llamazaristas), con un 28% de los votos y 25 asientos; Tercera vía o Nacional II, la corriente de Josep Nuet y Ángel Pérez, obtuvo el 19% de apoyo y 17 asientos; y, finalmente, la lista de No alineados y del CUT, con una representación de 5 y 4 asientos respectivamente, cerraban la composición del Consejo Político. Ante esta situación, y después de tantear infructuosamente posibles pactos, se decidió no votar a un Coordinador General que, sin una línea de flotación estable, hubiera sido una marioneta a la deriva del oleaje interno de IU.
El paciente queda, pues, anémico y entre algodones, y ahora tendrá que comenzar entre las “familias” una mesa camilla de pactos para decidir cómo se organizan las donaciones de sangre que lo estabilicen. Ello deberá plasmarse eligiendo al Coordinador por votación en el próximo Consejo Político Federal, cuyos cargos electos serán convocados, según fuentes oficiales de IU, en un plazo de mes o mes y medio. Pero, ¿quién debe convocar a este Consejo Político Federal?
Según estas mismas fuentes, al ser un hecho insólito el salir sin Coordinador de una asamblea y no estar contemplado en los estatutos, el órgano encargado de la convocatoria y gestión del partido hasta la elección será la Comisión Delegada. Esta comisión, creada por consenso entre todas las corrientes, estará formada por 14 personas proporcionalmente representativas de lo votado por los delegados, y será dirigida por Cayo Lara.
El documento votado y la renovación del partido
Lo que sí se votó, y por mayoría amplia (79%), fue un documento que vertebre la línea a seguir por la coalición a partir de ahora. Este documento es en esencia el que propuso el PCE y sostiene que "IU ha de cambiar, porque ha llegado al fin de una etapa política".
La resolución habla de una “IU anticapitalista”, que aglutine a toda la izquierda alternativa, cuyo espacio ideológico debe ser “abierto, y que abarque desde la sensibilidad comunista hasta la socialdemocracia de izquierdas, pasando por el republicanismo, el ecologismo, el feminismo y el pacifismo".
Sin embargo, comparando las personas elegidas en el nuevo CPF con el que se celebró hace cuatro años, encontramos que, de las 90 personas que lo forman, sólo 26 son nuevas. Dentro de las listas presentadas por las corrientes se repite la misma dinámica: los “llamazaristas” sólo presentan 6 personas nuevas, Nacional II incorporan a 7, mientras el PCE presenta once caras nuevas. Parece ser que la renovación y el lifting estructural de IU no va a comenzar por los cargos precisamente.
Los pactos
Pero ahora lo que importa es elegir coordinador entre el círculo de candidatos posible, y, sin mayorías suficientes a la vista, ver quién se sienta primero en el trono de la calle Olimpo cuando cese la música de los pactos.
A tenor de lo vivido desde el 2004, parece imposible que el PCE y la corriente de Llamazares se entiendan en modo alguno. Como muestra, las declaraciones del Secretario General de los comunistas, Paco Frutos, que tras la debacle electoral manifestó que “asistimos al final de una recta de varios años de política errática”, tras la etapa “sectaria, excluyente y destructiva dirigida por Gaspar Llamazares”; o también recordar la expulsión de la comisión permanente de IU de los dirigentes comunistas Francisco Alcaraz y Willy Meyer, por parte de Llamazares.
Hace 4 años, fueron los miembros de la hoy Nacional II quienes pactaron con Llamazares para darle la mayoría que lo sostuviese en el vértice de la pirámide de IU. No en vano, este grupo surgió con el objetivo de pactar, de “evitar un choque de trenes” entre ambos sectores mayoritarios, según palabras de Josep Nuet. En definitiva, surgieron con vocación de ser la ferretería de IU: de ser la llave y la bisagra. A ambos sectores les unen su discrepancia y enfrentamiento con el ala dura del PCE desde los tiempos de las dos orillas de Anguita, sin embargo hoy el pacto no es tan sencillo. Y no lo es porque el subgrupo principal de la N-II, el sector de IU Madrid comandado por Ángel Pérez, tiene cuitas pendientes con la dirección saliente.
Pese a las unánimes llamadas a la unidad y el consenso, bajo los abrigos de IU hay escondidos tantos cuchillos con acuse de recibo que parece imposible que no se corte nadie -aunque sea por puro accidente- al final de este proceso. En las últimas elecciones municipales y autonómicas (2007), la federación de IU Madrid convocó elecciones primarias entre sus militantes para dilucidar quién encabezaría las listas para comunidad y ayuntamiento. De las tres listas presentadas, repitiéndose los actores ideológicos que están en liza ahora, ganaron Pérez –para el ayuntamiento- y Gegorio Gordo –comunidad, del sector de Pérez también-, en detrimento de la lista gasparista que encabezaba Inés Sabanés.
En este contexto, en IU se impuso el “bananerismo”. Llamazares invalidó las elecciones e impuso a dedo a Sabanés, destapando la caja de los truenos entre la militancia de Madrid, que hoy podría no entender un pacto entre su jefe y Llamazares. No hay que olvidar que una ruptura con la militancia de Madrid, sería mortal para el partido, ya que de los dos diputados que hoy tiene IU uno es de esta comunidad, pero además dejaría en mal lugar a Ángel Pérez y su sector, que verían peligrar su posición privilegiada en la federación madrileña. También hay que tener en cuenta que hoy las relaciones entre N-II y el núcleo más blando del PCE son satisfactorias, y por tanto, pactando un coordinador neutral podría darse un acuerdo. De la Nacional II dependen muchas cosas, pero si se llega al Consejo sin acuerdo previo tendrá que decidirse entre Tirios y Troyanos sin contraprestación política. El tiempo les apremia.
Los otros grupos en esta partida de ajedrez son el CUT de Sánchez Gordillo y los No alineados de Haizea Miguela, ambos tienen perfiles muy distintos, ya que el CUT se entendería bien con el ala dura del PCE pero no con los demás, y los de Haizea son una incógnita. En cualquier caso, pueden ser convidados de piedra si el PCE consigue pactar con N-II, pero si hay pacto contra el Partido Comunista, serán recibidos por éste con alfombra roja, ya que su minoría sería clave para controlar el politburó federal.






